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Disciplinar sin herir

Disciplinar sin herir

Disciplinar sin herir

¿Cuántas veces hemos deseado que exista una guía sobre cómo ser los padres perfectos cuando se trata de disciplinar a nuestros hijos? Como sabemos, esto no es posible y son las experiencias las que nos van enseñando cómo lidiar con sus rabietas o cualquier enojo.

Sin embargo, es fundamental tener en cuenta que la disciplina es un proceso, porque los pequeñines deben ir aprendiendo cómo comportarse poco a poco. Ahora bien, disciplina no es sinónimo de castigo, sino que se trata de poner límites razonables e incentivar conductas adecuadas y respetuosas.

El problema de ser extremadamente estrictos o permisivos

Una de las claves para controlar esos momentos en que los chicos se comportan mal es no tomar medidas extremas, es decir, no ser ni muy estrictos ni muy permisivos, porque no vamos a tener buenos resultados.

Por un lado, muchas personas consideran que ser en extremo estrictos e, incluso, castigar físicamente es la mejor forma de educar porque así aprenden correctamente a comportarse. Sin embargo, hay que tener claro que la violencia genera violencia y, en lugar de enseñarles a manejar bien los conflictos, les estamos dando un mal ejemplo de cómo reaccionar en su vida adulta.

Disciplinar sin herir
Por otra parte, hay muchos papás que se van al otro extremo y, por miedo a herir los sentimientos de sus hijos o ser los villanos dejan que ellos hagan lo que quieran. Si un niño crece sin tener limites y se enoja fácilmente al decirle no, en el futuro pretenderá que todo tiene que resultar como él quiera.

¿Cómo disciplinar de manera adecuada?

Una buena disciplina comienza con los padres, porque a través del ejemplo y el diálogo podemos inculcarles conductas adecuadas a los hijos. Además, en el momento en el que los chicos tienen una rabieta o están enojados es importante tener en cuenta los siguientes consejos:

  • Mantener la calma: aunque no nos agraden sus conductas, debemos tratar de estar tranquilos y no ceder ante el enojo. Muchos psicólogos recomiendan la táctica de tomar distancia (Time Out), que consiste en dar, tanto a los papás como a los niños, un espacio para calmarse y procesar mejor lo ocurrido.
  • Tomar el control: ser padres firmes no significa ser extremadamente estrictos, sino que se trata de saber manejar la situación y no ceder ante los caprichos de nuestros hijos, por ejemplo, cuando tienen una rabieta en público.
  • No ceder después: si corregimos ciertas conductas de nuestros hijos pero al momento los dejamos que hagan lo que quieran, les estamos dando un mal ejemplo. Al cumplir nuestra palabra, estamos permitiendo que los chicos aprendan a tomar responsabilidad por sus acciones.
  • No sobornar: los chicos no pueden esperar que cualquier buena conducta sea premiada, porque en la vida real deben aprender que los buenos comportamientos son la base para manejar correctamente las situaciones.
  • No amenazar: hablar con los niños y explicarles cómo deben comportarse es mucho más efectivo que la violencia de cualquier tipo o amenazarlos.
  • Auto-observarse: trabajar en nosotros mismos diariamente, para así corregir cualquier actitud que pueda mandar un mensaje incorrecto a los pequeñines.
  • Dar opciones: los niños van aprendiendo a tomar sus propias decisiones si les damos opciones razonables acerca de las tareas que tienen que realizar, lo que pueden comer o lo que les podemos comprar.
  • Tener confianza: un vínculo familiar sano ayuda a que los chicos puedan expresarse con libertad y podamos resolver correctamente cualquier problema.
  • Buscar las causas: si los niños están irritados o repiten ciertas conductas, puede deberse a un problema familiar o cualquier otra situación que los esté molestando.
  • Pedirles ayuda: pensar juntos la manera de resolver una situación ayuda a que los chicos analicen y entiendan por qué lo que están haciendo es incorrecto.
  • Disciplinar sin herirExplicar y llegar a acuerdos: si les quitás algo que les gusta o no les permitís hacer alguna actividad como forma de corregir cierta conducta, es importante que les expliqués las razones, incluso que lleguen a un acuerdo para arreglar la situación.
  • No prestar atención a las rabietas: por último, la mayoría de las veces los berrinches son para llamar la atención, por lo que si los ignoramos, les demostramos a nuestros hijos que esas conductas no son válidas.

Al aplicar estos consejos, podrás darles un buen ejemplo a tus chicos, así en lugar de herirlos física o psicológicamente, les demostrás la importancia de manejar mejor sus emociones y llegar a acuerdos razonables.

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